Evolución Pokémon
El viaje por encontrar el gimnasio Gota de lluvia en la aldea solar, era uno de los nuevos caprichos de Mat que como en muchas ocasiones anteriores, logró convencer a sus dos mejores amigos de seguir sus pasos. Carl y Ana, dos aventureros apenas con sus mayorías de edad y que andaban en aventuras a los sitios más lejanos y peligrosos. Porque asi eran ellos, su rebeldía los unía, aunque los haya separada de sus familias el día en que creyeron que sus carreras universitarias no eran más importantes que sus sueños Pokémon.
Carl quería tener su propio centro de cuidado Pokémon y Anna vivía con el objetivo de ser una afamada conocedora de los Pokémon tipo agua, pero antes de verse aprisionada como ella se imaginaba: en una oficina todos los días del resto de su vida. Quería darse el gusto de viajar en el continente de los Pokémon salvaje.
Dormir y vivir acampando en donde los alcanzara la noche era todo un placer para ellos, podían disfrutar de conocer sitios poco visitados, porque lo normal era estar en los parques temáticos y los zoológicos Pokémon. Pero no para ellos. Querían conocer lo que pocos se atrevían. Convivir e investigar sitios perdidos y exóticos. Algo que les ofreciera distinción entre los maestros expedicionarios o una aventura de la que alardear para un día de copas entre amigos.
Este viaje en particular había sido agotador para el grupo. La odisea de cruzar los bosques de villa verde les había costado días. El asedio de los Pokémon que querían acercarse más de lo normal en las noches, el robo de sus alimentos, y el temor constante de perderse los había desgastado. Pero por fin habían llegado al limite del bosque y la aldea que buscaban parecía darles tranquilidad.
Mat observó apenas unas casas, cinco a la vista, pero al parecer silenciosas y sin rastro alguno de personas. Aunque si parecía ser abundante en Pokémon de muchos tipos en el valle estrecho, que estaba bajo las sombras de montañas a sus costados. El único sonido que percibían era la de estos seres conviviendo entre los árboles y las residencias de la villa. Era reconfortante saber que era lo que tenían al lado en campo abierto y no la intranquilizante noche con sus sonidos lejanos y cercanos amenazando con causarles mal.
Era pleno medio día, pudieron observar como este sitio, aunque de aspecto rural ofrecía una cálida y reconfortante vista después de tan difícil viaje. Aquellos hogares construidos en madera parecían aún más acogedores; listos para recibirlos en una noche que se acercaba. Pero lo extraño seguía siendo no poder encontrar aun a nadie. Ni siquiera de cerca pudieron percibir quien podía vivir allí.
Al llegar a la primera casa del camino notaron que el pasto y otras plantas crecían sin control, además su fachada, aunque intacta en el frente, en sus costados tenía daños. Cristales rotos, piezas de madera suelta y marcas singulares que podrían haberlas realizado algún Pokémon en una batalla de maestros. Tal vez algunos jóvenes inexpertos no tuvieron precaución. Pero y ¿dónde estaban? la puerta principal no estaba cerrada. Apenas de un empujón entraron y notaron que había una gran cantidad de Pokémon tipo tierra, hierba y fuego revoloteando entre las habitaciones y corredores.
Todos mantuvieron silencio observando como los Pokémon hacían lo suyo. Pero en algún momento, aquellos traviesos seres también guardaron silencio y empezaron a observarlos. Sus miradas tranquilas y acogedoras se convirtieron en miradas de odio. Mat al notar esto decidió poner su mano en el cinturón en donde tenía sus Pokebolas y asi invocar a su más confiable compañero de aventuras; un pequeño Pikachu en caso de algún combate. Lo mismo hicieron Carl y Ana.
El momento de tensión se mantuvo durante un rato hasta que Mat decidió salir con sus amigos para evitar una confrontación al tener solo la tarde para encontrar rastros de los pobladores. Al salir notaron como los Pokémon parecían haberse ido del valle, y los que estaban dentro de la casa salieron por la parte posterior en dirección al bosque. Los murmullos y sonidos de muchos tipos empezaron a oírse entre las ramas y hojas a sus alrededores.
Al continuar por el camino su intranquilidad se acrecentó al acercarse a las siguientes casas, todas parecían tener el mismo rastro de soledad y destrucción. Entonces Ana solo pudo sugerir, si fuese mejor salir de aquel lugar por el camino que llegaron. Mat sabía que la llegada fue una pesadilla, salir sin suministros y por un camino que apenas recordaban era perderse en el bosque tal vez para siempre.
Carl entonces les dijo que era mejor quedarse dentro de una de las casas, aunque tuviesen que luchar por un techo donde dormir. Al entrar en una de las ultimas maltrechas viviendas, estaba vacía. Comenzaron a cerrarla para evitar intrusos en la noche. También la revisaron en búsqueda de algo que valiese la pena, pero no había comida, tan solo objetos personales de quienes la habitaron. Algunas fotos familiares y en otras se hallaban jugando o alimentando a una inusual diversidad de Pokémon que parecían estar en aquel valle.
Hubo una fotografía que les llamo mucho la atención. Parecía observarse un Pokémon que no conocían. Era un bípedo de dos extremidades, sin gesto alguno y de rostro pálido con rasgos humanos. Una cabellera enmarañada y larga que ofrecía un aspecto descuidado e incivilizado. Aunque no parecía importar para quienes compartieron la foto a su lado; entre sonrisas e inconfundible confianza hacia un ser bondadoso que se adapto a vivir con la humanidad.